Buah blog | ¿Un clásico? El 7 de Julio
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¿Un clásico? El 7 de Julio

¡Hola!

Hacía muchos años que no visitaba el mítico 7 de Julio, la última experiencia que tuve fue muy buena, recuerdo que fui con amigos y salí encantada y queriendo volver enseguida. Esta vez fue un poco diferente porque al pasar el tiempo e ir probando diferentes restaurantes de todo tipo las expectativas que tenía eran más bien realistas, quiero decir que sabía lo que me podía encontrar, siendo yo conocedora de mis propios gustos gastronómicos de entonces y ahora. Así que, fuimos a comer un día cuando acababa de aterrizar en Valencia después de un mes en Niza trabajando sin parar. Mi avión llegó con retraso y llevaba unas ganas increíbles de comer una buena carne, tipo solomillo (que es la que más me suele gustar), así que acabamos en el 7 de Julio de Manises.

Ya de entrada, la decoración (no sé porqué no la recordaba tan castiza) te lleva a otra época, esa de grandes asadores con gente hasta los topes fumando puros y armando mucho bullicio. Es de esos sitios con ornamentos y grandes techos de madera, así como todo el mobiliario, columnas, mesas, sillas…hasta conservan los manteles de papel con el nombre del restaurante; en fin, un sitio que tuvo su historia y su fama en la ciudad, de esos que se llenaban hasta los topes  y que en la actualidad parece estar aguantando el “achuchón”, al menos el día que fui yo (habría que juzgarlo varios días seguidos y durante fines de semana). Presidiendo el gigantesco salón a la izquierda se encuentran las barricas de sidra, que para los que le guste, pueden beber de manera ilimitada mientras estén comiendo. Y bueno para ser Viernes a medio día no había mucha gente pero si pensamos en todo esto, ya estaba bien ya.

Nada más sentarnos nos sacaron unas cervezas de barril en jarra fría (después de un mes trabajando sin probar una, me la bebo de trago) y una ensalada de patata por cortesía de la casa para abrir boca mientras nos decidíamos. Yo venía con ganas de lo de siempre cuando estás un tiempo fuera, jamón ibérico, croquetas y solomillo. Preguntamos si podíamos cocinar la carne en la parrilla que te sirven en mesa, nos dijeron que solía ser para los entrecots pero bueno en este caso hicieron excepción. Ademas, nos dejaron pedir un solomillo entero y otro fileteado, cosa que nos permitió comérnoslo como realmente queríamos (básicamente crudo), esto es de agradecer, la verdad.

La calidad de la carne me sorprendió porque se cortaba de una sola vez, no tenia nada de nervios y estaba muy jugosa y gustosa, fue especial, realmente buena. Y ya no tenía muchas esperanzas puestas en el plato principal porque el jamón ibérico que pedimos , aunque tenía buena pinta dejaba bastante que desear, pues el tocino estaba muy graso y la carne muy seca, después vi que tenían el jamón bajo una lámpara sin protección de ningún tipo y lo entendí en parte. Esto no me gustó, después de ver que en salón todo el mundo estaba cocinando carne y se creó un ambiente de humo y olor a parrilla, cosa que puede hacer que ese no sea el mejor sitio para el jamón, desde mi punto de vista claro.

Ya no podíamos más pero aún así decidimos pedir un postre para compartir: error. Pedimos tarta de queso ¡que no sabia a queso! Si no a limón, bueno y un ligero toque de queso vale, pero se habían pasado con la ralladura de limón ¡Tres pueblos! Además, debieron de utilizar uno de esos quesos suaves ligth para hacerla porque el resultado final fue decepcionante, pero nos vino bien porque íbamos a reventar, así que dejamos la mitad en el plato.

En resumidas cuentas, el restaurante en cuanto a ambiente se refiere era lo que esperaba (más o menos), mis expectativas eran más bajas respecto a lo que me encontré, porque realmente quitando el plato de jamón y el postre… la ensalada de patata es algo simple pero hay que saber dejar en el punto la patata y estaba rica y fresca. Y lo mismo con las croquetas y qué decir del solomillo y su guarnición. Mi conclusión sería, que volvería pero con amigos en plan carne, sidra, etc y ¡a disfrutar!…pero ya casi lo de ir en pareja…como que no.

En definitiva el 7 de Julio es un clásico con todas las letras y en ambos sentidos. Eso sí, cuando quiera comerme un buen solomillo de ternera sabré a dónde acudir, ya que ahora mismo cuando suelo salir a cenar busco otro tipo de cocina más de fusión, con ingredientes y mezclas que me sorprendan, pero sin duda la calidad del producto en general es muy buena.

¡Que aproveche!

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